El pasado *4 de julio, Día Internacional de las Cooperativas, pasó casi desapercibido para una inmensa parte del movimiento cooperativo. Y eso obliga a hacernos una pregunta incómoda: *¿somos realmente 2.3 millones de cooperativistas o simplemente 2.3 millones de personas con una cuenta en una cooperativa?**
Si en verdad somos millones de cooperativistas, ¿cuántos escribieron un artículo de opinión en un periódico o medio digital? ¿Cuántos participaron en un programa de radio, televisión o streaming para hablar del impacto del cooperativismo? ¿Cuántos colocaron una bandera cooperativa en la ventana de su casa, en su vehículo o en su negocio? ¿Cuántos cambiaron su foto de perfil o publicaron un mensaje en sus redes sociales celebrando esta fecha? ¿Cuántos organizaron un encuentro con familiares y amigos para conmemorar el día, como ocurre en tantas otras celebraciones?
Cuando llega San Valentín, las redes sociales se llenan de corazones. En Halloween abundan los disfraces. En Navidad las ciudades cambian de color. En las fiestas patrias vemos banderas en balcones, vehículos y comercios. Incluso eventos deportivos logran movilizar emociones colectivas capaces de unir a un país entero. Sin embargo, cuando llega el día más importante del cooperativismo, el silencio parece convertirse en la norma.
No se trata de hacer fuegos artificiales ni de competir por quién celebra más. Se trata de construir una identidad cooperativa visible, orgullosa y contagiosa. Un movimiento que transforma vidas no puede conformarse con existir únicamente en los estados financieros o en las estadísticas de membresía; debe manifestarse también en la cultura, en la conversación pública y en el comportamiento cotidiano de sus integrantes.
Quizás el mayor desafío del cooperativismo no sea crecer en activos o aumentar el número de asociados. Tal vez el verdadero reto sea lograr que cada socio deje de verse como un simple cliente y comience a asumirse como un auténtico cooperativista, consciente de que pertenece a un movimiento mundial con valores, principios e historia.
Porque el cooperativismo no se fortalece únicamente con aportaciones y préstamos. También se fortalece con orgullo, participación, identidad y sentido de pertenencia.
La próxima vez que celebremos el Día Internacional de las Cooperativas, ojalá no tengamos que preguntarnos dónde estaban los 2.3 millones de cooperativistas. Ojalá el país entero pueda verlos, escucharlos y sentirlos celebrando el poder de un modelo que, cuando se vive con convicción, transforma comunidades y construye un futuro más solidario.










